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Según datos del Banco de España, los créditos fallidos en agosto alcanzaron los 128.000 millones de euros, el 7,15% del total, un 1,33% más que a finales de 2010. En septiembre y octubre, al calor de la ralentización del crecimiento económico y el aumento del paro, la tendencia al alza se ha acelerado, como constatan las entidades. El consejero delegado de Bankia, Francisco Verdú, reconoció que “la morosidad es el objetivo prioritario del grupo”. Bankia cuenta con 900 personas en el departamento de recuperaciones. El objetivo es frenear el ascenso de la mora, que pasó del 6,35% al 7,09% en el último trimestre. Bankia reconoce que no será fácil y en el último trimestre elevó sus dotaciones de los 418 millones hasta los 719 millones.
El Banco Popular desveló recientemente que las entradas netas en mora entre julio y septiembre alcanzaron los 644 millones, el registro trimestral más elevado desde 2009. El banco ha reaccionado duplicando hasta las 600 personas su equipo de recuperaciones de crédito. Banco Sabadell, por su parte, tiene una tasa de fallidos similar, el 5,72%, pero un estrategia distinta. “A nosotros no nos está creciendo la mora, que permanece más o menos estable, y lo que nos preocupa es la salida a los inmuebles, por lo que hemos reforzado a nuestra filial Solvia para desprendernos rápidamente del stock”, comentan en la entidad. Santander y BBVA también van por ese camino: el primero prevé dedicar los 1.500 millones de plusvalías previstas para el cuarto trimestres a saneamientos. Entre julio y septiembre, el banco cántabro registró entradas netas de mora por valor de 4.206 millones, el nivel más alto desde el último trimestre de 2008 y los dos primeros de 2009. Los problemas del Santander se centran en España, aunque su morosidad en este mercado es del 5,15%, por debajo de la media del sector. Por su parte, BBVA cuenta con un 4,9% de fallidos en España. Su consejero delegado, Ángel Cano aseguró la pasada semana que el techo de la mora en el país no se alcanzará hasta dentro de cuatro o cinco trimestres. Ello implica que la banca deberá seguir realizando fuertes dotaciones y reduciendo en lo posible sus gastos para salvar la cuenta de resultados.
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Fuente: La Vanguardia
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